"Si algo no resulta lógico, perdón de mi cabeza"

miércoles, enero 10, 2007

Hasta acá no más llegamos

Tras varias semanas de abandono, este blog llega a su fin. Demasiados recuerdos. Y necesito un giro, así que me voy. O más bien, me cambio a un nuevo espacio: traficodeinfluencias.blogspot.com. Ahí explico más claramente mis motivos.

En los próximos días, pasaré por mis sitios predilectos, para reanudar las visitas.

Cariños y gracias por todo.

martes, octubre 10, 2006

Dios mío, un seminario

Harto respetables se ven los libracos. Las hojas sueltas que transportamos tantas veces, que fueron tachadas, menoscabadas, detestadas, terminaron por convertirse en todo un seminario-para-optar-al-grado-de-licenciado-en-ciencias-de-la-(in)comunicación.

Bonito. Una pega que pudo haber durado un año y que, por cosas de la vida, duró tres. Increíble como esas hojas encuadernadas pueden contener tanto. Risas, enojos, lágrimas, crecimiento, tensión, estrés, cuestionamientos.

Mientras configuramos ese proyecto de “programación para la radio comunitaria de Pisco Elqui en base a los intereses y necesidades de su comunidad” pasaron tantas cosas: trabajé por primera vez con contrato (fui cajera multifunción en Johnson`s), odié por primera vez una pega, me fui a Santiago, hice la práctica en Plan B, me mandé algún cagazo, volvía a La Serena, estuve cesante, llegué a hacer reemplazos en el diario. Me quedé. Volví a odiar una pega. Me enamoré, sufrí como bestia cuando caché que la bilateralidad se transformó en unilateralidad, me sentí utilizada. Quise matar a gente cercana y eché la foca vía mail.

Y claro, se murió mi mamá. Y ahora que por fin tengo en mis manos este seminario, encuadernado, con anexos a todo color, bonitos gráficos y preparamos la defensa de la investigación, siento ganas de llorar. (Aunque eso no es novedad, porque ahora siempre quiero llorar) Ella esperaba con ansias el resultado y nunca me presionó para apurar el proceso. Fue generosa y terminó por entender la demora, que la modalidad que adopté para salir no era un mal camino o una forma errónea. Era la mía: con trabajo estable y sin título ni licenciatura.

Ayer, cuando revisaba el libraco, me di cuenta que no alcancé a actualizar mis agradecimientos: hablo de mi mamá como si estuviese viva. Tal vez sea un mensaje cifrado, pero de mi madre para mí. Y realmente es un alivio saber que nunca se irá del todo.



miércoles, septiembre 27, 2006

Dilema


Tengo ganitas de escribir y postear, pero no tengo ganitas de escribir y postear.

lunes, septiembre 11, 2006

Aprender



En las últimas semanas, éste es el verbo que más conjugo. Casi tanto como llorar. Y es tan amplia la lista de las cosas por aprender, que creo que me gastaré toda la vida en esto.

Acá, aleatoriamente, el listado: Aprender a lavar, a planchar, a cultivar flores, regar las plantas, hacer carne mechada, hacer porotos con riendas, hacer pescado frito, amasar, hornear tortas, hacer babaroise.

A no quebrarme con gente que apenas conozco, abrirme con los que me quieren, contar historias, a ser ecuánime. A contar hasta diez antes de insultar, a contar hasta diez antes de empezar a ofuscarme, a contar hasta diez para encontrar la calma.

A no tener más miedo, a no querer dormir con la luz encendida. A aceptar que no hay equivocación, a aceptar que no volveré a ver, a aceptar que no abrazaré más a mi mamá. A no tener miedo a duendes, fantasmas y extraterrestres, aunque lo racionalice y no lo crea en mis fases conscientes.

A entender que equivocarse es inevitable y no angustiarme por hacerlo todo perfecto. A manejar mis finanzas. A percatarme de las necesidades de mis hermanas. A no gritar como loca si me tocara darle el Postinor 2 a alguna de mis hermanas. A no angustiarme si alguna de mis hermanas se equivoca. A no enfadarme si mi padre –otra vez- se equivoca.

Aprender orfebrería. Tejido a telar. Comunicación Organizacional. Asesoría comunicacional. Gestión de eventos. Antropología. Literatura Hispanoamericana. Ciencias Políticas. A tocar la flauta, a tocar el violín, a cantar sin desafinar ni desentonar. A levantarme rápido.

En general, a no tener tanto susto. A nadar. A reirme a destajo. A llorar a mares. A reaccionar como leona. A bailar. A enamorarme. A arriesgarme. A ser más asertiva. A cruzar el río. A mandar a la chucha si debo hacerlo. A no dejarme marear por el efecto de la escalera. A gritar hasta que la ira, el enojo o las ganas se pasen. A manejar (lo olvidé). A tirarme en benji. A hablar inglés. A hablar francés, italiano y portugués.

Y usted, ¿qué tiene que aprender?

miércoles, agosto 30, 2006

"Feliz día para mí" (lo diría Bodoque)


Hoy cumplo 27 años. Tenía mucho miedo de que llegara este día. Por la pena, claro. Mi mamá no está más y eso significa un montón de cosas, desde que no me abrazó en la mañana hasta que no habrá mi torta favorita. Es decir, habrá, pero ya no será lo mismo.
El año pasado cumplí 26 navegando en el Pacífico, rumbo a la Isla de Pascua. Y, anodada por el mar, los colores y las expectativas por Rapa Nui, prometí que el 2006 la celebración sería en grande. Hoy, no creo que lo sea.
Sin embargo, no ha resultado tan difícil. He recibido hartas muestras de cariño, que si bien no quitan la pena, sí confortan el alma. Muchas gracias, nada más que decir.
Quisiera no estar tan triste o dejar de cuestionar la muerte de mi madre. Trato de ser fuerte y no tengo claro si me resulta mucho. Pero en fin: mi mamá querría que le pusiera el hombro y le echara para adelante. Un abrazo para ella.

lunes, agosto 28, 2006

Ya no está más


Hace nueve días murió mi mamá. Su muerte fue inesperada: venía viajando desde Calama, del funeral de una prima. Se bajó del bus en el cruce de la Compañía Baja, seguro con la intención de tomar locomoción y llegar más temprano a la casa. Tuvo tiempo de hacerles "chaos" a sus hermanos -que seguían el viaje hasta Ovalle- y sólo alcanzó a cruzar la carretera. Se sintió mal y luego se desvaneció.

Según el certificado de defunción, mi mamá falleció a causa de un tromboembolismo pulmonar. La misma causa que arrojó la autopsia de mi prima de Calama. Un coágulo le obstruyó las vías respiratoria y nos dejó huérfanas de veras.

Sólo el domingo pudimos empezar a velarla. Como murió en la vía pública y no tenía antecedentes de enfermedades previas, llevaron su cuerpo a la morgue. A mí me tocó vestirla y aunque siento que me hizo bien hacerlo porque pude despedirme de ella, es un dolor que no le doy a nadie.

Desde entonces, todo pasa tan rápido. Y he sentido tanta pena, rabia, incredulidad. Todo lo que pueda escribir aquí es inútil para explicar esta pérdida. Por algunas razones que son obvias y por otras que tal vez explique más adelante, mi mamá es la persona que más quiero en el mundo y me duele tanto pensar que ya no puedo abrazarla, que no puedo verla. Mi papá -el mismo de quien hablé en el post anterior- está deshecho y ahora me duele más mi relación con él. Tal vez sea hora de empezar un nuevo trato...

Estos días han sido confusos. Hoy me toca empezar a trabajar y mis hermanas deben retomar sus clases. No tenía ganas de venir. Pero debo hacerlo, pese al susto que tengo. Mi hermana menor tiene 14 años y voy a tener que hacerme cargo de ella. Me da miedo hacerlo mal. Me da susto mi genio de mierda, mi fragilidad. A ratos, pienso que todo está controlado, pero basta un recuerdo, una situación, una referencia, un olor y hasta un sabor para sentir las mismas ganas de llorar de hace nueve días.

Recuerdo la última vez que la vi: el miércoles 16 de agosto, minutos antes de las 24:00 horas. Fui a dejarla al bus que partía a Calama. No me fui hasta que la máquina se fue. Me miraba desde la ventana y yo trataba de hacerla sonreír, porque iba desolada por la muerte de mi prima. No sé por qué, pero en un instante pensé que se podía morir. No ahora. Algún día. Y pensé que me iba a volver loca de dolor y pena.

Ahora, no tengo muy claro qué voy a hacer sin mi mamá -he pensado absurdas vías de escape-, ni de dónde voy a sacar fuerzas para seguir, ni cómo me las voy a arreglar desde ahora.

Sólo sé que me duele mucho.

lunes, julio 24, 2006

Casi Huérfana

Que quede claro. No me quejo de llena. Me quejo de vacía: tengo un padre con rostro, apellido y presencia física. Pero me siento huérfana. De padre.

Tiene la capacidad de sacarme de mis casillas. Frecuentemente. Y el sábado fue una ocasión de aquellas. Nos agarramos por lo mismo de siempre: plata, su frustración al darse cuenta que ya no puede ni manipularme ni castigarme, su capacidad para dar vuelta las cosas y sentirse más que cómodo en el rol de víctima. Réplica, a escala, claro, del “no me acuerdo, pero no es cierto”.

Trató de pegarle a una de mis hermanas y yo me interpuse. Luego trató de golpearme a mí, pero no puede. Ricas las onces en familia.

El sábado –luego de la discusión, la rabia, el té halado y el trago de mocos y lágrimas que de nuevo debí empinar a causa de él- traté de enumerar los recuerdos que tengo de mi padre.

Y aunque casi nunca me pegó, la cuenta es desoladora: frialdad, indiferencia, manipulación. En mi cabeza, casi no hay escena en que no esté sacándome en cara “todo” lo que me ha dado, que “no lo atiendo como se merece”, “parecís huevona” (a propósito de un corte de pelo que me hice a los 10 años), “cállate mierda” (en caso de rebatirle algo) o “estas niñas de mierda son una fatalidad” (a propósito del nacimiento de mi hermana menor, su cuarta ‘niña mujer’).

Mi padre tuvo un accidente minero y perdió la visión en un ojo –el izquierdo- exactamente un año antes de que yo naciera: el 30 de agosto de 1978. Más de un año después, mi padre perdió su órgano por un involuntario cabezazo mío. Hace cuatro años tuvo un cáncer, pero estuvo lejos de aprender algo.

No sé si esto tendrá que ver con su forma de ser o si esto será la razón para sufrirlo como karma. No sé si lo quiero o lo odio. Y eso es algo que me perturba.

Sé que esto sabe como el natre, pero juro por dios que no es exageración. Tanto así que a veces –muchas veces- creo que quizás mis interrogantes serían menos urgentes y torturadoras que si hubiera una silla vacía. “Tal vez si hubiéramos estado lejos…”, digo, pero no me atrevo a terminar la especulación.

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