"Si algo no resulta lógico, perdón de mi cabeza"

miércoles, octubre 05, 2005

Cuento sin moraleja

“Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias.

Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.

-Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mando el tiranuelo a su interprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.

El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.

Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.

Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuales hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.

Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.

Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas”.

Julio Cortázar

9 Comments:

Blogger Juan Antonio Bermúdez said...

cuántos ratos de risa y de ocio (in)productivo con los cronopios, las famas y las esperanzas. cuántos ratos pensando luego en esa risa. buenas salenas.

4:53 p. m.

 
Blogger Loruka said...

De repente siento que tengo una visión demasiado política, en general. Hay muchos cuentos de Cortázar que me encantan, pero éste me agrada particularmente, porque me gustaría que ese vendedor de palabras se apersonara en la fértil provincia señalada y nos vendiera las palabras que nos nos posibilitaran la verdad y la justicia. Estoy dispuesta a organizar la colecta nacional para esa compra.
Y de todas maneras, buenas salenas, cronopios.

PD: Pese a las evidencias, no soy tan izquierdosa como me pinto...

6:12 p. m.

 
Blogger Juan Antonio Bermúdez said...

ah, pues yo sí

2:13 p. m.

 
Blogger Loruka said...

En realidad, sí soy izquiedosa, pero no "militante"...

3:22 p. m.

 
Blogger Juan Antonio Bermúdez said...

Bueno, yo militar militar tampoco milito. Me da mal rollo el verbo "militar". Y el sustantivo peor.

11:11 a. m.

 
Blogger Loruka said...

Si es sustantivo y plural, es muuuuuuuuucho peor. Sólo para ser acompañado por adjetivos del tipo "malditos" o expresiones como "de mierda".

11:44 a. m.

 
Blogger Kathy_C said...

Lolooooooooo!!



Holaaaaaa =)

7:28 p. m.

 
Blogger Juan Antonio Bermúdez said...

¡vuelve! se te echa de menos

6:25 p. m.

 
Blogger Loruka said...

Fui y volví (como el buen tiempo)

1:10 p. m.

 

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