"Si algo no resulta lógico, perdón de mi cabeza"

martes, enero 31, 2006

Silvia Zepeda Cena

Cuando era niña, hace exactamente veinte años, era muy tímida. Mucho más que ahora. Y no es casual que haga este racconto de dos décadas. En 1986, sabiendo leer, escribir y nociones elementales de “aritmética” (esto es sumar y restar cifras ínfimas), entré a primero básico.

Dados mis progresos, más de alguien argumentó que bien podría adelantar un año y cambiarme a segundo, pero la profesora se opuso tenazmente. No porque dudara de mis capacidades, según le explicó a mi madre, sino que por mi timidez.

Ella estuvo conmigo hasta segundo básico como profesora jefe y hasta sexto como profe de Ciencias Naturales. Tenía un genio de cuidado: si andaba de buenas, inventaba juegos, canciones y experimentos raros; pero si andaba de malas, se transformaba en un verdadero ogro.

Mi nula habilidad manual y mis persistentes fallas de motricidad fina solían ponerla en este último estado. Sumado a que constantemente me retaba por mi forma de agarrar el lápiz y a que siempre me exigía más que al resto, me hizo generar una tortuosa relación amor- odio.

Lo que me salvó del rencor total fue una visita a su casa. Si bien era una vivienda desordenada como cualquiera, la poca luz, el silencio construido con ruiditos vecinos y un extraño olor –que recuerdo haber calificado como “olor a encierro”-, me hizo sentir ganas de llorar. De huir a mares.

Algo pasó ese día. De partida, me dejó de parecer tan alta, tan rotunda, tan escrutadora. Miré y noté que su ropa era desaliñada y que usaba bufandas a modo de cinturón. Dejó de ser inexpugnable y pasó a ser indefensa. Tal vez tanto como yo.

Tanto empequeñeció ella y tanto crecí yo que le perdí la pista. En La Serena me encontré con pedagogas peores –Kathyc y Tusarilson pueden dar fe de esto- y continué agarrando como quise el lápiz. Aunque de vez en cuando me llegaran comentarios de que la habían visto caminando por el centro –también se vino de El Salvador-, con una bufanda en la cintura y rezongando sola. Desorientada.

Ha estado perdida hasta hace algo más de una hora. Supo que trabajaba en el diario y me llamó. Al principio, pensé que estaba hablando con otra de las típicas señoras que llaman a los medios para molestar con estupideces. Es decir, una vieja de mierda. Y le estaba respondiendo con la cordial sequedad de rigor hasta que me dijo su nombre.

Traté de hilvanar torpemente un diálogo, mientras me invadía un racconto. “He vuelto a tener seis”, pensé. Pero no: me estaba contando que La Serena nunca la quiso, que estos años lo ha pasado más mal que bien y que nunca se olvida de la gente. Que la puede confundir, pero jamás olvidar.

Después de esto, la conversación fue trivial. Ella preguntó como hacer llegar una carta al director y como poner avisos clasificados. Yo respondí, sintiéndome confusa y con ganas de llorar. Por ella. Como si otra vez estuviera en una casa callada, triste y oscura.

6 Comments:

Blogger Cristian said...

Lo que se llama un flashback... de repente impresiona un poco como aspectos de la vida pasada (mía o de usted) pueden volver, incluso fuera de contexto, y transportar las mismas emociones de los momentos respectivos. Lo genial es que creo que eso podría darse en las dos direcciones: pasado y futuro. Pero eso está por verse.

Ah, su historia me recordó la famosísima historia de la profesora que acusó de ladrona a una tal Lucila Godoy. Sé que no tenía nada que ver... Debe ser el aire de la región, supongo. O el olor a encierro.

Saludos cariñosos con esmog.

10:27 p. m.

 
Blogger Juan Antonio Bermúdez said...

Cuando, pasados los años, he vuelto a encontrarme con alguien con quien tuve una relación cotidiana en una etapa concreta (sobre todo si está ligado a un cierto tipo de autoridad, como un antiguo profesor o un antiguo jefe), siempre he tenido una sensación extraña.
Algo solo parecido a volver a un lugar que te impresionó de niño y que inevitablemente se reencuentra más pequeño, más estrecho, más chato.
Hay también un par de líneas de un relato de Albert Camus que se me quedaron grabadas: "Leía mi edad en las caras que reconocía sin poder nombrar. Sólo sabía que todos aquellos habían sido jóvenes conmigo, y que ya no lo eran”.
La verdad es que no sé si todo esto tiene demasiado que ver con tu texto (que me pareció muy hermoso, por cierto). Pero se ve que hoy me dio el día medio pedante medio nostálgico.
Parabienes surtidos, como decís por ahí.

10:20 a. m.

 
Blogger Raúl said...

Los maestros del pasado... Yo me he encontrado con algunos. Los que eran buenos, te ven y es como ver a un hijo, y te hacen sentir feliz de verlos. Los que eran crueles, se ven desdibujados, artificiales y poco creíbles. Ahora, sin su investidura, se ven tan poca cosa.

Pero bueno, nada es más bello que encontrarse con un maestro que fue valioso en tu vida...

(Sobre la clasificación de los enlaces en mi blog... Es una manera que se me ocurrió de hacer más amable el listado... Como una forma de mostrar que ese contacto significa algo... que hay un vínculo y que esa persona me produce algo especial... Así que me la jugué con los elementos: ninguno es mejor que otro. Todos son importantes y valiosos. Pero son distintos)

Saludos amiga!

1:25 p. m.

 
Blogger Kathy_C said...

Uf qué fuerte.

Igual, la media memoria, estimada amiga Lorena. Yo, con suerte me acuerdo dónde nací. Aunque supongo que la señora se grabó a fuego en tu disco duro, con ese recuerdo que mezcla imágenes y olores.

Eso de ver a la gente vulnerable en sus hogares, me pasaba harto de niña. Como que nadie es tan cool cuando lo reta la mamá, ni menos cuando su pieza está desordenada.

Pero ahora ya no. De hecho no me motiva mucho ir a casas ajenas. Salvo las que son ajenas "pero no parecen". Algo así, como aquellas en las que me siento bien.

=)

3:23 p. m.

 
Blogger young_supersonic said...

GUAU. BUENA MEMORIA. LO QUE ME QUEDÓ DANDO VUELTAS ES SÍ LA PENA REPENTINA AFLORÓ PORQUE EL RACCONTO APUNTÓ A LOS MALOS RATOS VIVIDOS EN SU PRESENCIA, O POR LA PRECARIEDAD Y FRAGILIDAD QUE AUN OBSERVAS EN EL FONDO DE ELLA.
UN ABRAZO

11:01 p. m.

 
Blogger Leo said...

He llegado de manera inesperada a este blog...quise saber que fue de Silvia Zepeda después de ver una fotografía que guardo como hace 100 años. Hoy soy músico y Luthier y también escapé a La Serena. Veo desde aqui y ahora ese pasado añoso y blanquecino...veo a Silvia, la profe de Música silvando por el patio esquivando el pelotazo de "el último gol gana too'" y mostrando ese doble filo de su hora y media de clase. Y mis brazos se erizan y mi mente retorna.

6:44 p. m.

 

Publicar un comentario

<< Home

adopt your own virtual pet!