"Si algo no resulta lógico, perdón de mi cabeza"

miércoles, agosto 30, 2006

"Feliz día para mí" (lo diría Bodoque)


Hoy cumplo 27 años. Tenía mucho miedo de que llegara este día. Por la pena, claro. Mi mamá no está más y eso significa un montón de cosas, desde que no me abrazó en la mañana hasta que no habrá mi torta favorita. Es decir, habrá, pero ya no será lo mismo.
El año pasado cumplí 26 navegando en el Pacífico, rumbo a la Isla de Pascua. Y, anodada por el mar, los colores y las expectativas por Rapa Nui, prometí que el 2006 la celebración sería en grande. Hoy, no creo que lo sea.
Sin embargo, no ha resultado tan difícil. He recibido hartas muestras de cariño, que si bien no quitan la pena, sí confortan el alma. Muchas gracias, nada más que decir.
Quisiera no estar tan triste o dejar de cuestionar la muerte de mi madre. Trato de ser fuerte y no tengo claro si me resulta mucho. Pero en fin: mi mamá querría que le pusiera el hombro y le echara para adelante. Un abrazo para ella.

lunes, agosto 28, 2006

Ya no está más


Hace nueve días murió mi mamá. Su muerte fue inesperada: venía viajando desde Calama, del funeral de una prima. Se bajó del bus en el cruce de la Compañía Baja, seguro con la intención de tomar locomoción y llegar más temprano a la casa. Tuvo tiempo de hacerles "chaos" a sus hermanos -que seguían el viaje hasta Ovalle- y sólo alcanzó a cruzar la carretera. Se sintió mal y luego se desvaneció.

Según el certificado de defunción, mi mamá falleció a causa de un tromboembolismo pulmonar. La misma causa que arrojó la autopsia de mi prima de Calama. Un coágulo le obstruyó las vías respiratoria y nos dejó huérfanas de veras.

Sólo el domingo pudimos empezar a velarla. Como murió en la vía pública y no tenía antecedentes de enfermedades previas, llevaron su cuerpo a la morgue. A mí me tocó vestirla y aunque siento que me hizo bien hacerlo porque pude despedirme de ella, es un dolor que no le doy a nadie.

Desde entonces, todo pasa tan rápido. Y he sentido tanta pena, rabia, incredulidad. Todo lo que pueda escribir aquí es inútil para explicar esta pérdida. Por algunas razones que son obvias y por otras que tal vez explique más adelante, mi mamá es la persona que más quiero en el mundo y me duele tanto pensar que ya no puedo abrazarla, que no puedo verla. Mi papá -el mismo de quien hablé en el post anterior- está deshecho y ahora me duele más mi relación con él. Tal vez sea hora de empezar un nuevo trato...

Estos días han sido confusos. Hoy me toca empezar a trabajar y mis hermanas deben retomar sus clases. No tenía ganas de venir. Pero debo hacerlo, pese al susto que tengo. Mi hermana menor tiene 14 años y voy a tener que hacerme cargo de ella. Me da miedo hacerlo mal. Me da susto mi genio de mierda, mi fragilidad. A ratos, pienso que todo está controlado, pero basta un recuerdo, una situación, una referencia, un olor y hasta un sabor para sentir las mismas ganas de llorar de hace nueve días.

Recuerdo la última vez que la vi: el miércoles 16 de agosto, minutos antes de las 24:00 horas. Fui a dejarla al bus que partía a Calama. No me fui hasta que la máquina se fue. Me miraba desde la ventana y yo trataba de hacerla sonreír, porque iba desolada por la muerte de mi prima. No sé por qué, pero en un instante pensé que se podía morir. No ahora. Algún día. Y pensé que me iba a volver loca de dolor y pena.

Ahora, no tengo muy claro qué voy a hacer sin mi mamá -he pensado absurdas vías de escape-, ni de dónde voy a sacar fuerzas para seguir, ni cómo me las voy a arreglar desde ahora.

Sólo sé que me duele mucho.

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